Para él, era una tarde como cualquier otra y salio a dar una vuelta, estaba el día nublado y una tormenta aproximándose, pero el calor era impresionante. Asíque agarró la moto pensando qe un buen rato cn la cara al viento lo ayudaría a refrescarse y quitarse el calor qe lo agobiaba, él no esperaba nada de la serie de eventos qe le esperaban.
Al parecer, todo se fue adecuando para qe pase lo qe tenia qe pasar, se olvido las llaves, tuvo qe regresar a la casa, luego la moto no encendía y se retraso varios minutos y cuando por fin arranco, a tan solo unas cuadras, tuvo qe volver porque había olvidado sus documentos. Recién ahí pudo emprender su paseo solitario.
De repente el cielo comenzó a abrirse entre las nubes y mostrar un brillante y blanquecino sol, el tráfico empezó a andar con mas fluidez y él se encontraba cada vez mas solo, parecía qe el solitario paseo iba a ser mas solitario de lo acostumbrado, pero todavía no sabia lo qe se le avecinaba.
Estaba a pleno atardecer sin saber bien donde se encontraba y apareció ella de la nada; una muchacha de ojos verdes, con una sonrisa de aspecto juguetón, su tez bronceada alumbrada por la tenue luz del sol, y esa sonrisa, mostrando sus dientes blancos, lo atrapó a tal punto qe en ese momento perdió completamente su ubicación.
Sin palabras se acerco por primera vez a una muchacha tan linda, y qe no conocía, a mitad de la calle, es sus ojos la belleza de la chica no la habría podido describir de manera correcta nunca, asíque atontado por esa razón, le pidió qe lo oriente hacia el lugar donde él debía dirigirse.
“son 3 cuadras por esa calle de ahí” le pareció escuchar, y con tantas cosas por decir y hacer en su cabeza solo consiguió articular un casi insonoro “Si, gracias” y se marcho en la dirección indicada.
Cn tristeza, y loco por las ganas de volver a verla, regreso a su casa pensando en lo especial qe se sintió en ese momento, La vuelta fue un viaje a la luz de la luna y el cielo volviéndose a nublar, pensar en el momento en qe el cielo se había despejado solo para qe el pudiera observar y apreciar semejante belleza lo hizo sentirse cohibido, extasiado y ansioso.
Tras un par de días pensando solo en ella fue en su búsqueda pero no consiguió lo qe esperaba, y así, los días nublados pasaron sin ser contados, y tras varias ocasiones de haber recibido gotas de lluvia en sus mejillas se resigno a tener la suerte de volver cruzarla alguna vez mas, solo para poder pedirle su nombre y, tal vez, su numero telefónico para ubicarla en alguna otra ocasión.
De eso tan solo ha pasado unas semanas y los días son soleados nuevamente, hace tan solo unas pocas horas, el muchacho salio a dar una vuelta en solitario nuevamente, todavía sin poder sacarse a la morocha de su cabeza. Esta vez sin ningún inconveniente qe lo haga retrasarse, y bajo pleno rayo de sol, salio a refrescarse cn el viento, en tan solo un par de cuadras sabía donde quería dirigirse. A esa calle, esa calle qe era tan especial para el debido a qe toda su vida pasaba por ahí cuando quería sentirse en paz, esa era su “calle especial”.
Inundada de altos fresnos qe brindaban una fresca sombra a su alrededor, y el sol alumbrando en sus hojas mas altas, hacia qe parecieran verdes esmeraldas allá arriba, y bajo uno de esos arboles, se volvió a cruzar cn esos ojos, esta vez, lo seguían con la mirada, y sin dudarlo siquiera un momento, cruzo la calle con una sonrisa qe irradiaba alegría y satisfacción directo hacia la muchacha.
No lo pensó, tan solo le pidió nuevamente qe lo orientara, pero esta vez donde a ella le gustaría dirigirse con él. Así fue como este día él muchacho piensa recordarlo en los brazos de ella, y perdido en sus labios.
Lean Papasidero 31/10/09
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