Empezando por el principio, el era un muchacho morocho, de altura promedio, ojos marrones, y muy enamoradizo, no era sobresaliente su belleza pero tenía su atractivo en su sonrisa y en sus ojos.
El buscaba ser importante para alguien, buscaba ser mas que “la pareja” buscaba completar a la persona con la que este, debido a que con su sola presencia, a él lo complementaria, ya que necesitaba alguien de quien cuidar, alguien a quien hacer sonreír, y por su simpatía no le costaba mucho hacer sonreír a las personas.
Él iba conociendo a muchas chicas, pero no se encontraba a gusto con la mayoría y seguía buscando a su media naranja, entonces, un día caminando por el barrio encontró a una candidata con mucho potencial, más bien era una tarde, con el cielo despejado y el sol en una esquina anunciando su retirada, algunas nubes medio naranjas por el ocaso y alumbrando a una muchacha de pelo rubio, que él no tardo en observar, la chica tenía aspecto tímido, el cabello muy largo hasta casi la cintura, y una sonrisa que ansiaba por ser descubierta.
Al cruzarse en la entrada de un amplio jardín de bellas flores, se acerco, robo una de las más grandes cortándose un poco el dedo al hacerlo y dándosela a la chica esta que aún no conocía le dijo “no te prometo rosas sin espinas, pero si sangrar para que las disfrutes” y se la entrego con esa sonrisa suya cautivadora. La muchacha muy tímidamente la acepto y comenzaron a hablar y luego de una breve conversación él consiguió saber donde vivía ella, entonces la muchacha se marcho.
Se sentía muy bien de haber conocido a esta muchacha prometedora, y como ya conocemos la naturaleza de nuestro chico, enamoradizo, para mantener su romanticismo comenzó a escribirle una carta, no era la primera que había redactado, sin embargo le costaba saber cómo comenzar.
Por lo visto no te puedo sacar de mi mente y así comienzo a escribirte algo que espero que sea de tu agrado, es una tarde hermosa muy parecida a aquella vez que hizo que te conociera, esta perfecta para estar tirado en el pasto del parque y que me dejes intentar sacarte una sonrisa que muy bien escondiste el otro día, sin embargo considero que debajo de esa timidez tuya, se encuentra una muchacha muy graciosa y quiero ayudarte a encontrarla.
Se de tus miedos, y me encantaría ayudar a sacártelos de la manera que más te guste y envolverte en un abrazo para que ya no te sientas sola.
Hoy estoy acá, delante de ti y no sé qué fue lo que haya sido, si el destino o la casualidad que lo quiso así, pero no me puedo apartar en este momento.
Todavía no te conozco, y estoy ansioso por hacerlo, estoy ansioso por probar tus besos, y tus abrazos y por encima de todo eso, verte sonreír.
Puso la carta en el sobre, y se fue hasta su casa, indeciso y tímido ante la idea de dársela personalmente, la apoyo en el alfeizar de la ventana, y golpeo esta con fuerza para que se escuche y luego se marcho.
Lean Papasidero 11/03/10
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