En el cielo, la noche se acercaba con rapidez, el sol comenzaba a ocultarse tras el telón que le formaban las nubes de un tono rojizo.
En el suelo, venia yo caminando, mientras observaba crecer ante mis ojos una sucesión de edificios algo antiguos, demasiado altos, y con muchas ventanas de distintos tamaños, las cuales muchas se hallaban ya iluminadas, a pesar de que la oscuridad no había llegado a abarcar toda la zona, al igual que los faros que adornaban las distintas aceras también encendidos y combatiendo la oscuridad que poco a poco se asomaba.
vaya uno a saber que pasaba dentro de esas habitaciones, pero yo estaba concentrado en una ventana en particular, solamente me fijaba en la más grande del tercer piso, adornada con un balcón, que se encontraba justo en la parte central del edificio más pequeño de los 4 edificios que había a sus alrededores.
Aun no se encendía esa luz, dando la sensación de que en su interior no había nadie.
Fuera, me encontraba sentado en un banco, en la acera justo enfrente de aquella ventana, mientras un estrecho rio se encontraba separando ambas veredas, unidas por un pequeño puente de piedra que estaba a tan solo unos metros de mi posición.
En el rio, transitaban con el anochecer a sus espaldas, los venecianos que volvían sus góndolas a sus respectivos puertos, luego de un día de intenso calor.
Pasado un tiempo, yo seguía en el banco de cemento, bajo un árbol que ya no hacia sombra, pero mantenía el fresco del día, cuando por fin la luz de la habitación se encendió, y tras las cortinas pude reconocer enseguida tu figura, acercándote hacia el alfeizar de la ventana para abrirla y dejar pasar un poco de aire fresco dentro de la calurosa habitación, y pude observarte luego de cruzar la cortina y asomarte al balcón.
Me observaste a lo lejos y nos reconocimos enseguida, hace ya algún tiempo que yo te buscaba, desde aquel momento que te vi por primera vez, momento en el cual grabe tu sonrisa en mi memoria y no la pude olvidar.
Entonces muy decidido te mire, y observe tus gestos durante aproximadamente un minuto de manera atónita, tenias la misma sonrisa en tu rostro que demostraba lo feliz que sos, y no pude evitarlo y embobado te sonreí, te ofrecí mi mejor sonrisa, la mas grande para que la veas a lo lejos, no sé ni cómo, ni porque, ni durante cuánto tiempo estuve así, de hecho estuve ensimismado un largo rato en mis pensamientos cuando repentinamente ya no estabas en aquel balcón, te busque en las demás ventanas y no te vi, cuando estaba a punto de retirarme, no pude evitar sorprenderme al reconocerte nuevamente cruzando el puente, mientras bajabas por esa pequeña escalera de piedra, me pare torpemente, y me encamine hacia vos, venias directamente hacia mí, nunca supiste lo mucho que te había buscado y tampoco lo preguntaste , solamente te acercaste y me besaste en los labios, llevándome a un lugar desconocido para mi, estaba perdido en ningún lugar, desaparecido en ningún momento, y no entendía cómo es que había pasado, definitivamente esperaría otros mil días para volver a darte ese primer beso una y otra, y otra vez.
Así la tarde dio paso a la noche, donde la oscuridad había reinado, y los faroles adornaban las aceras con una tenue luz anaranjada. La luna salió justo en el espacio que quedaba encima del edificio más pequeño entre los edificios altísimos que lo rodeaban, reflejándose en el oscuro y estrecho rio que separaba las aceras, mientras los vecinos asomaban a sus ventanas, para ver el inicio de una linda historia que comenzó esa misma noche, con ese mismo primer beso, y que la iban a poder recordar cada vez que observaran los nombres que dejamos grabados en el árbol que se encontraba más próximo a la orilla del rio.
Lean Papasidero 02/07/11.
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