martes, septiembre 06, 2011

Aprendiendo a volar

Es de mañana, y a pesar que el cielo tiene su mejor celeste allá arriba, lo veo gris, lo veo nublado. El granizo de la mañana no se compara con esta tormenta que se viene asomando allá a lo lejos.
Afuera, el sol se levanta con fuerza arrolladora, alumbrando cada rincón desde el este, queriendo entrar a través de mi cortina, pero aquí adentro la nube gris parece el impenetrable muro de una prisión de alta seguridad, que encarcela cada sentimiento, deseo o pensamiento de los que quieren ser libres.
Ya llega el mediodía, el sol está en su punto más alto, ya nada se escapa de su luz, las cortinas no quieren dejarlo pasar, y la nube a pesar de su fortaleza y opresión hacia el interior permiten una suerte de libertad condicional a los deseos, los libera de a ratos, dándose pequeños recesos en su labor por encarcelarlos, pero no permite su libre expresión en ningún momento.
Algunas nubes blancas como el algodón recorren lentamente el cielo revelando la brisa que las empuja y hace que bailen a lo largo y ancho del espacio, esa brisa que acá dentro es un remolino feroz, un tornado represor, que mutila todo pensamiento de luz que se aproxima a la superficie, tratando de dejarlos bien encerrados dentro de mi cabeza. Me hace sentir débil por la simple decepción de que mis pensamientos aún no pueden volar como aquellas nubes a pesar de sus desesperados intentos de asomarse a aquel cielo despejado que se encuentra pasando este gran muro de concreto.
Llegando al atardecer que se ve con sus reflejos rojizos en todo el horizonte indicando que aquel día primaveral estaba llegando a su fin, en mi cuarto la nube se encuentra repleta de oscuridad, lo que hacía parecer desde temprano ser de noche, y los sentimientos reaccionaron a su impotencia, y a su falta de aptitudes por no poder volar, con un llanto que desencadeno aquella tormenta que tanto se esperaba. Inundándose ríos por las lágrimas que recorrieron mi rostro, fluyendo y diluyendo esa nube, ese muro de concreto que ya no parece ser tan fuerte, y no puede contener mis sentimientos.
Al último reflejo de luz rojizo se lo vio escapar dentro de la azul noche, dejando así un prefacio perfecto, una presentación formal al cielo azul estrellado.
Aquí dentro se logra vislumbrar a la luna asomándose a mi ventana, llena de los pensamientos que ya no pudo encarcelar la prisión aquella, la nube que se había disuelto con los acaudalados ríos que la diluyeron bajo su mirada, la mirada de la luna en toda su plenitud, radiante y hermosa, y así comienza a ascender, se aleja de mi ventana flotando, enseñándole a mis pensamientos, deseos y sentimientos a volar, a flotar en el aire y mantenerse libres, para que la próxima vez, si es que hay una próxima vez, no se dejen abatir, no se dejen avasallar por nadie que trate de encarcelarlos, que no se dejen cubrir por las nubes más oscuras, y puedan escaparse de cualquier prisión volando, mantenerle esas esperanzas a mis deseos, que logran escapar, vencer y llegar al cielo, junto con esa luna que les enseño a saberse capaces de disolver el concreto de cualquier barrera que los contenga.

Lean Papasidero 04/09/2011

Y así es que podrás entender luna como, desde que te vi, no puedo parar de escribir.

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